domingo, 17 de mayo de 2009

                                                             

Recién había cumplido los cuatro años, no sabía que su felicidad se vería interrumpida por un tiempo, bastante tiempo. Se podía decir que era dichoso, nunca le falto algo siempre tuvo su alimento en abundancia, vestía la mejor ropa, su padre tenía unas hectáreas de tierra, era la mascota del fútbol club. Nunca pensó que le faltaría algo, nunca pensaba, solo se divertía. Estaba él en sus juegos de niño, viendo las hormigas correr unas tras otras, cuando vio entrar en su mundo, gente diferente, hombres vestidos de verde que destruían su casa y se llevaban su padre, no entendía lo que pasaba, han pasado años y aun recuerda ese momento, su madre lloraba, el niño abrasado a su hermana. Esa noche su padre no llego a casa, ni la siguiente, ni la siguiente… lo esperaba todos los días sentado en el corredor, el no llegaba. Cuando preguntaba a su madre por su papá, solo respondían lágrimas. Un día vino un vecino y se llevo el caballo, otro día otra persona se llevo la radio, todos los días algo salía de su casa, el arado, el televisor, los muebles. Su mamá le dijo por fin: iremos a ver a tu papá. El niño saltaba de felicidad, la noche anterior no pudo dormir, se subieron al tren, era fascinante para el viajar, sentir el vaivén, el sonido, los olores, todo un mundo nuevo. Allí estaban de nuevo los de verde, pero también su papá, le abrasó las piernas y no lo quería soltar, pero lo soltó y lo perdió de nuevo, no entendía porque se iba y lo dejaba allí con su tristeza, El vaivén era monótono, el sonido era una tortura, los olores le daban nauseas, odiaba ese mundo. Ya en casa no había nada, tuvo que irse a vivir con sus abuelos, allí le dijeron que existía un dios, al que pedía con todas sus fuerzas que le trajera su papito de vuelta. El tiempo pasaba, los viajes se repetían de vez en cuando, la estación de trenes se convirtió en un lugar lúgubre y de pesadilla. La vida en casa de su abuelo era extraña, de noche se hablaba del señor y sus mandamientos, de día esos mandamientos se olvidaban. Acostumbrado a la buena vida y el buen alimento, le fue difícil habituarse al pan duro, el te sin azúcar, era difícil para el comprender porque no podía tomar leche como su primo, porque no se debía defender si le pegaban, no era su casa y no podía molestar a los que allí vivían, el era solo un intruso en esa casa, sufría al ver su madre y hermana sufrir, sufría el ver la injusticia. Era Navidad, la casa estaba vacía, ya no estaban con el abuelo, mamá pensó que sería mejor huir de los regalos y las burlas de sus primos, a veces los niños inducidos por los adultos pueden ser muy crueles, sería la peor fiesta de todas. Entonces ocurrió, el sueño se hizo realidad, llegó el papá con sus regalos de madera, ¿qué importaron? si solo quería tenerlo, volver a ser lo que eran. Ahora era la mejor Navidad de todas. Hoy ya no es un niño, al mirar a atrás, puede ver como ha pasado el agua bajo el puente. Nunca se recuperaron económicamente por lo sucedido, ya que la madre tuvo que vender todo para pagar los alimentos y los pasajes en tren. Aun cree en Dios pero no de la misma forma que en esos años. Un día fue un hombre verde. Aprendió a perdonar y se convirtió en casi un hijo para los que no le tenían paciencia en su niñez. Evitó siempre visitar la estación de trenes, por los malos recuerdos que le traían, hasta el día que su corazón lo llevo con un ramo de flores en su mano en busca de su amada, ahora ese lugar es sagrado. La vida le sonríe, a veces se sorprende soñando con una familia que lo haría feliz e intentando no cometer los errores que lo llevaron a tener una infancia para el olvido, intentando que sus hijos sean más felices que lo que él fue.


Tags: Niñez

Publicado por cheposalinas @ 21:36
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